PROYECTO ANTÁRTIDA


Gracias a: Gerardo Gancedo, Alejandro Capeluto, Óscar Gómez, Fabrizio Magno. Diseño: Laka Amsterdam.

Ml viaje a la Antártida fue una aspiración siempre postergada por distintos motivos, desde las obligaciones laborales hasta quebrantos de salud que no hacían aconsejable semejante aventura. Finalmente los astros se alinearon y, gracias a la inspiración de mi amigo Gerardo Gancedo, pude emprender junto a él la travesía. Fue un estupendo compañero. Él es un distinguido coronel de la Fuerza Aérea Uruguaya, que sirvió en la Casa Militar y fue edecán de dos vicepresidentes de la República. En su compañía todo fue más llevadero. Así, por fin pude estar en aquellas lejanías. Escribí una crónica, recogida primero en una revista y luego en mi libro La vida y los papeles, que publicó Seix Barral en 2016. En un par de párrafos, al comienzo del texto, traté de explicar el significado de ese mundo vacío: 

Es el lugar de los extremos por excelencia. Tiene montañas, volcanes, desiertos de piedras, hondonadas y polinias. Y es el lugar de los absurdos naturales: atesora el ochenta por ciento del agua dulce de todo el planeta y al mismo tiempo es el sitio con el más bajo promedio de humedad del mundo. También se han registrado allí, en algún punto que ni siquiera alcanzo a imaginar, las temperaturas más bajas jamás obtenidas en la naturaleza (cercanas a los 90 grados centígrados bajo cero). Su densidad de población es bastante menos de una milésima de habitante por kilómetro cuadrado. Las huellas fósiles de otras edades geológicas nos hablan de enormes árboles, de mamíferos poderosos, de miles de diferentes peces, pero no de homínidos. Sí, hubo un tiempo en que la Antártida era un bosque, pero nunca fue habitada por primates, los que en aquella época no existían.

Así que actualmente hay bastante menos de una milésima de habitante por kilómetro cuadrado. O, lo que es lo mismo, casi nadie. Y yo seré, en estos días, una de las dos mil personas que estarán desperdigadas por toda la Antártida, desde la norteña península de Fildes hasta el corazón mismo del continente: el mítico Polo Sur en el que plantara bandera por primera vez el noruego Roald Amundsen el 14 de diciembre de 1911, y donde hoy se encuentra la base norteamericana que lleva su nombre y el de su contrincante, el malogrado, vilipendiado y después reivindicado explorador británico Robert Falcon Scott, quien llegó a ese mismo lugar, por otra ruta, cinco semanas más tarde, nada más que para hallar ahí una banderita noruega y una carta de salutación de quien había ganado la absurda carrera por conquistar ese sitio puramente simbólico.

Bloque de imagen y texto

Dos fragmentos de un tarugo de madera perteneciente quizá (según la sesuda disquisición de un compañero de aventura) al buque de bandera española San Telmo (74 cañones, clase San Ildefonso), que naufragó al sur del Mar de Drake en septiembre de 1819 con una tripulación de 640 hombres. Ubicación de los objetos: península Fildes, Isla Rey Jorge (Shetland del Sur). Características de las piezas: dos trozos de madera dura, semipetrificada. Medidas: 36 y 41 mm, con diámetro variable de aprox. 5 mm.  Fotografía: FB (tomada el 15 de febrero de 2015).

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