Cajón del Maipo


CMS Odoo - Ejemplo de imagen flotante

Chile, 1972. Nuestra intención era establecer qué grado de dificultad podría presentar, para un grupo reducido de personas jóvenes y en buenas condiciones físicas, una caminata por las montañas de la cordillera. Por supuesto que nuestra experiencia fue acotada tanto en el tiempo como en el desplazamiento: recorrimos unos ocho kilómetros por el cañón, siempre en dirección este sureste. Pernoctamos en una especie de cueva, donde armamos una fogata y comimos unos emparedados, y al día siguiente regresamos por el mismo camino. En la media tarde del domingo volvimos a Santiago.

Sin embargo, pese a lo breve de aquella prueba, los cuatro participantes de la misma nos quedamos con la sombría convicción de que un viaje por tierra hacia Argentina, sin guías avezados y sin mapas específicos, pintaba para ser una empresa dificilísima cuando no catastrófica. En poco más de veinticuatro horas de expedición pasamos hambre y frío, por dos veces nos perdimos en las quebradas de los cerros, nuestros pies se llenaron de llagas y manifestamos una presencia en la zona poco menos que escandalosa. Y eso que nadie nos perseguía, no contábamos con las patrullas de soldados que irían a vigilar los pasos montañosos, ni con las temperaturas bajo cero del otoño en la altura, ni con tantos otros imponderables que podían surgir en cualquier caso.

Luego del golpe de septiembre de 1973, cuando yo ya estaba fuera de Chile, me enteré de que un grupo de uruguayos había intentado la huida justamente por el Cajón del Maipo hacia la cordillera. Era el mismo recorrido que nosotros habíamos explorado un año antes. La movida tenía lógica, pues en esa zona la frontera con Argentina está apenas a treinta kilómetros de distancia. El problema principal, además de la vigilancia, era que luego de llegar al borde fronterizo a los caminantes les quedarían por recorrer casi setenta kilómetros de alta montaña antes de alcanzar las praderas del Valle de Uco, en Mendoza.

Según los relatos de varios sobrevivientes de aquel grupo, dados a conocer mucho tiempo después, tras avanzar casi sin descanso durante todo un día por el cañón del Maipo, al llegar la noche los que huían buscaron refugio en las ruinas de un establecimiento minero abandonado. Lo que había era una especie de galpón de bloques con techos de chapas corrugadas y un silo que de lejos se asemejaba a una iglesia, con campanario y todo. Mientras dos de ellos salieron a reconocer el terreno, los demás quedaron a la espera y aprovecharon para descansar. Finalmente, a la mañana siguiente, todos fueron detenidos por patrullas de carabineros en una zona conocida como El Volcán, y entregados luego a oficiales del Regimiento de Ferrocarrileros de Puente Alto. Los testimonios son concordantes respecto a las brutales torturas a que fueron sometidos los prisioneros. Tres de esos jóvenes, llamados Ariel Arcos, Juan Povaschuk y Enrique Pagardoy aún hoy permanecen desaparecidos. Al parecer fueron asesinados unos días después del arresto.


Fragmento de "Montañas de la memoria" (La vida y los papeles, Seix Barral, 2017)